MI FILOSOFÍA ACERCA DEL RELOJ AUTOMÁTICO

¿Por qué un reloj automático? ¡Bueno, o mecánico también puede ser…! La cuestión es que no sea de cuarzo, que su cuidado no se limite a cambiar una pequeña batería cuando se acabe para que continúe siendo un elemento independiente que nos obligue a depender de él, sino a que estemos constantemente ajustando la hora, la fecha, que estemos interactuando con él, que forme parte de nosotros porque es él quien depende de nosotros como si de nuestra “res extensa” se tratase, que observemos cómo sus segundos pasan de forma armoniosa, elegante… y no a estresantes golpes como el ritmo que marca el reloj de cuarzo.

      La elección de un complemento tan “simple” como es un reloj, dice mucho de aquel que lo lleva. Y digo “simple” (entrecomillado), porque a la hora (y nunca mejor dicho) de decidirse por un modelo u otro, se inicia un complicado conflicto interno que va más allá del mero aspecto estético del reloj.

     El primer paso que hay que dar es el de inclinarse por una marca u otra. Para ello optaremos por una marca de prestigio en la industria relojera, principalmente suiza (aunque Alemania e Italia también nos ofrecen relojes interesantes), con un nombre que sea atractivo y con una filosofía particular que vaya con nuestra personalidad. Por poner algún ejemplo, si ésta se caracteriza por ser atrevida, alegre o aventurera, podremos elegir entre Breitling, Hamilton, Graham…; si nuestras deferencias se decantan por lo deportivo, Tag Heuer, Omega o Rolex, entre otros, nos ofrecen variedad de modelos hechos a nuestra medida; si somos más sofisticados y buscamos la tranquilidad, si el concepto griego “extático” rodea nuestra cotidianidad, Chaumet, Movado, Kronos… nos darán lo que pedimos; y si nuestro presupuesto nos lo permite y buscamos la exclusividad, Vacheron Constantin, Patek Philippe o Ulysse Nardin, verbigracia, sin duda nos la darán. 

     Pero no puedo avanzar en este artículo de opinión sin resaltar la magia con la que una marca surgida en España, hace unos pocos años, me ha embelesado sobremanera, aquella que por nombre, filosofía, diseño, tecnología, calidad, etc., se está abriendo camino entre los más sibaritas coleccionistas de relojes de todo el Mundo. Se trata de Extático (“hora española”, como la denomina mi gran amigo y creador de esta marca, Gilberto Salas). Vale la pena tomarse un tiempo para disfrutar navegando por su web y descubrir sus diferentes conceptos.

  Seguidamente, delimitaremos la búsqueda hasta que se ajuste a nuestro presupuesto. Hay para todos los bolsillos, dependiendo del calibre de la maquinaria (número de joyas, mecanismos…), del material del o de los cristales (mineral, zafiro…), del de la caja (acero inoxidable, cerámica, baño de oro…), etc. Podemos encontrar precios desde unos 400 euros hasta varios cientos de miles.

      Obviamente ha de gustar a primera vista; ese es el aspecto más superficial de la decisión y es el que va a acotar la búsqueda todavía más.

     A continuación serán los pequeños detalles del diseño los que nos acaben de enamorar del que, con ya toda seguridad, será nuestro nuevo reloj. Este punto es muy importante para mí, pues son los pequeños detalles los que hacen grande a algo o a alguien, aquellos que mucha gente pasa por alto y que marcan la diferencia a diversos niveles (sociales, culturales…).

      Finalmente, ya lo tenemos y tan solo nos queda empezar a disfrutarlo, porque el reloj automático está hecho para quien disfruta del tiempo y no para quien depende de él. Mi tiempo no tiene precio y cada momento que paso disfrutándolo es como un pequeño engranaje que conforma una complicada maquinaria que se mueve con elegancia pero con alegría. Ese es el sentido de la vida y cada vez que elijo qué llevar en mi muñeca, es mi pequeño mundo el que elijo que gire segundo tras segundo, minuto tras minuto…

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